Roberto Montoya – författare
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"Más fuerte, con más poder, aupado por tecnoligarcas como Elon Musk, «indultado» por las urnas tras ser declarado culpable de múltiples delitos y airoso pese a todos sus escándalos, exabruptos, megacausas judiciales e infoxicación de la que hace gala, Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca. Lejos queda aquel final de 2020 y principios de 2021 cuando, tras las elecciones, acusaciones de fraude y un asalto al Capitolio, una parte de los ciudadanos del mundo dejaron de contener la respiración. Sin embargo, el multimillonario ya se había transformado en líder, paradójicamente, de importantes sectores de los perdedores de la globalización y en referente mundial de la ultraderecha, generando un movimiento ‒el trumpismo‒ que va más allá de su figura. Los hechos y declaraciones más recientes tras su toma de posesión nos permiten explorar las incógnitas que plantea la segunda presidencia del magnate republicano y el futuro de las relaciones con el resto de países y organismos internacionales en un contexto de militarización y belicismo.A través del recorrido por la trayectoria personal y política del 45.º y 47.º presidente estadounidense, así como por las dinámicas internas y externas del «país de las oportunidades», de sus lobbies y establishment, el presente libro nos invita a despejar incertidumbres. En sus páginas nos asomaremos al devenir de la potencia mundial en declive , desgranando, tal como resume Olga Rodríguez en el prólogo, «las claves de lo que representa el presidente estadounidense Donald Trump, así como las causas y el contexto que han conducido a su nuevo mandato». "
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En vista del proceso que trata este libro, vale la pena realizar un repaso de cómo debería entenderse. La explicación más corriente recurre a la definición clásica de "imperialismo" desarrollada a fines del siglo XIX y comienzos del XX. En ese entonces, podía observarse un fenómeno que parecía nuevo, aunque no era sino la aceleración del que ya se había gestado en el siglo XVIII: la ocupación lisa y llana de regiones enteras en manos de las grandes potencias, convertidas, por lo tanto, en "imperios" mundiales que administraban población de los cinco continentes. Los debates para comprender semejante situación derivaron en un texto fundacional, a cargo de Lenin: El Imperialismo, etapa superior del capitalismo, que si bien no fue el primero en plantearlo, sí lo expuso en forma clara y sistemática.En este esquema, la incursión de EE.UU. en Medio Oriente se explica por su voluntad de monopolizar el petróleo y ciertas áreas geográficas. A su vez, en esos países donde se realizan combates cuerpo a cuerpo entre la población y las potencias imperialistas, la revolución socialista estaría al caer. Lo cierto es que empresas de diferentes países (incluidas las rusas y chinas) han incursionado en el petróleo iraquí. La dirección burguesa local, en sus diferentes formas, es la que verdaderamente ha venido resistiendo la invasión (y parece que con muy poco temor de armar al proletariado que dirige). Lamentablemente, aún la revolución está muy lejos de Irak y Afganistán.Los planteos leninistas-trotskistas sobre este punto adolecen de un error inicial: niegan la vigencia de la teoría del valor y de la crisis como consecuencia de la caída de la tasa de ganancia por aumento, entre otras variables, de la composición orgánica del capital (es decir, que el capitalismo entra en crisis por su propio desarrollo, no por la falta del mismo). Si estas ideas fueran ciertas, todo el aparato legal explicado por Marx en El Capital ya no tendría validez. Sin embargo, la constatación con la realidad muestra que las leyes descritas por Marx siguen rigiendo los movimientos económicos. Las disputas políticas y militares no anulan la competencia por lograr una mayor productividad sino, por el contrario (y a diferencia de lo que pontifica el credo liberal) son expresión y parte de ella. Si un estado invade a otro, es porque ha conseguido una acumulación suficiente para crear un ejército de considerable tamaño. Es decir, su economía está en condiciones de fabricar (o comprar) armas más sofisticadas y destinar mayores recursos a educar y sostener individuos destinados a combatir. El Imperialismo no es una etapa diferente del capitalismo ni un fenómeno económico. Es, en todo caso, una expresión política de las contradicciones económicas. Las guerras de Corea y de Vietnam no tuvieron como móvil la defensa de ninguna fuente de materias primas ni la competencia entre pulpos. Se trataba sencillamente de detener la revolución. Lo que hace el planteo leninista es politizar la economía y, por esa vía, transformar la política en mero reflejo de intereses económicos inmediatos. La política de los EE.UU., como la de cualquier estado, no puede reducirse a la voluntad de un "monopolio" económico. Bien, sabemos que se trata de un fenómeno político, pero ¿qué es específicamente el Imperialismo? El programa que representan los capitales más concentrados a nivel internacional.