Una parte de los ensayos que conforman El extravio de los signos transcurre en el desierto de Sonora, al sur de una de las fronteras mas desiguales del mundo, donde la violencia que ha marcado la zona -y el resto de Mexico- no se ha sabido explicar mas alla de las nociones de narcotrafico y delincuencia organizada, categorias insuficientes a la hora de dar cuenta de la amplia gama de asuntos que estan en juego: desde la gestion de la migracion indocumentada hasta la extraccion de recursos forestales o el ascenso economico y militar de una clase social que solia estar en desventaja. La violencia que se vive en Mexico desborda, por tanto, la nocion de criminalidad, pero no termina de encajar en la definicion de guerra, pues no tiene contrincantes bien delimitados ni objetivos politicos expresos. Esta violencia posee, mas bien, una cualidad fantasmagorica: su presencia se manifiesta de formas diversas y terribles, pero nunca se revela por completo. Esto exige una relacion muy particular con la interpretacion de los signos: obliga a descifrar huellas, a jugar a los detectives, a imaginar las partes ocultas del rompecabezas. Si esto es cierto para la poblacion en general, para los familiares de los desaparecidos la exigencia de adivinar, investigar y buscar sin cesar se ha convertido en un verdadero yugo. A traves de un solido andamiaje teorico, literario, popular y testimonial, que va desde el adivino Tiresias de la mitologia griega hasta la labor de las Madres Buscadoras o el peso de la figura del arrepentido en la aprehension de las estructuras mafiosas, Natalia Mendoza explora las multiples facetas de una violencia generalizada para la que tampoco la investigacion forense, con su analisis cientifico que trata de desentranar la mecanica de los actos criminales , ha logrado superar la atrofia del discurso, pues no ha producido un relato que integre los hechos en una vision de conjunto, una narracion politica mas amplia que permita enmarcar los sucesos dentro de un proceso historico. Solo el duelo publico y la elaboracion ritual de las muertes, defiende la autora en este magnifico ensayo, podran generar la posibilidad de imaginar colectivamente un futuro mas alla de la repeticion rutinaria de la violencia.