Mi Marcha se encuentra mediada por los tránsitos y los tiempos. Ambas, nociones indispensables para pensar acerca de los bordes, los là mites y las fronteras que fijamos para designar las categorà as desde las cuales nos relacionamos con el mundo y los contextos. Desde lo más cotidiano y voluntario, hasta lo reglamentario y normativo; desde la forma en que respetamos o no las diferencias, hasta lo que, por ejemplo, en el ámbito del patrimonio cultural oficial, se clasificarà a por fuera o por dentro de esta designación, está mediado por tales categorà as.En 2022 la marcha de la movilización LGBTI cumple cuarenta años de existencia en nuestra ciudad, y en el marco de esta conmemoración, algunos de sus protagonistas y activistas han emprendido un ejercicio de reflexión y reconstrucción de la trama de historias, memorias y lugares propios de la marcha, con el fin de que los caminos simbólicos y espaciales andados por ella no sean olvidados.Mi Marcha aborda los tránsitos y los tiempos, siempre cambiantes, de una experiencia colectiva vital para la construcción de ciudadanà a en Bogotá, por medio de un análisis que contempla tanto sus logros en términos del fortalecimiento de la agencia social, como los desencuentros y las tensiones internas que han hecho parte de su recorrido. De tal manera, el texto reconstruye las múltiples memorias de lo que ha sido esta manifestación, a través de una lectura que transita permanentemente entre los lugares y las identidades que la han configurado a lo largo de cuatro décadas. La persistencia en el tiempo de un diálogo entre espacios y personas es el escenario narrativo al que apela Mi Marcha para, desde la voz de sus protagonistas, hablar de una manifestación estética y polà tica fundamental para la construcción y reivindicación de los derechos ciudadanos.Al tratarse de una experiencia cuyo componente espacial es esencial para su desenvolvimiento y su carácter convocante, no resulta sorprendente que algunos de los lugares significados, de manera particular, por la marcha coincidan con aquellos que guardan una connotación emblemática desde lo que se considera patrimonial: la carrera Séptima, el Parque Nacional, la Plaza de Bolà var, el barrio Santa fe, la Avenida Primero de Mayo o el barrio Olaya Herrera.Con Mi Marcha, el Sello Editorial del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, pretende unirse a la conmemoración de los cuarenta años de una manifestación que, de forma singular en la ciudad y a lo largo de estas décadas, ha consolidado un acto festivo, performativo y reivindicatorio, a través de prácticas, historias, memorias, recorridos, y diversidad de identidades, cuerpos y expresiones. Nuestra apuesta es, entonces, la de que, a través de las imágenes, los relatos y las periodizaciones que presenta la publicación, contribuyamos a ampliar los debates y las perspectivas respecto a la forma en que hemos construido las fronteras, categorà as, valoraciones e historias que conforman nuestro imaginario ciudadano.