Alfredo Baron Leal – författare
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PDF, Spanska, 202350 kr
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Las rutas del agua abarcan aquellas que se han entretejido con las comunidades y sus diversas formas de poblar la geografía bogotana. Incluyen desde concepciones ancestrales sobre la fertilidad y los equilibrios vitales hasta nociones que involucran procesos organizativos en torno al cuidado y el mantenimiento de ríos y acueductos comunitarios. En esta agenda 2024, el agua traza el ordenamiento de nuestro territorio mediante el entramado propio de los patrimonios que dialogan con la naturaleza y las prácticas comunitarias.
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PDF, Spanska, 202651 kr
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En los últimos años, la Dibujatón ha reunido a personas apasionadas por el dibujo urbano o sketch, quienes a través de sus trazos han hecho visibles la memoria y el sentido de los espacios patrimoniales de la ciudad. Este premio parte de una premisa fundamental: el patrimonio cultural no es una realidad estática ni un conjunto de bienes intocables, es el resultado de un proceso social permanente, una construcción viva que se enriquece con las interpretaciones y los valores que la sociedad le da en cada momento. Los objetos, lugares y paisajes patrimoniales adquieren vigencia en la medida en que se abren a nuevas interpretaciones y se vinculan con las culturas vivas que los contextualizan, recrean y resignifican.La publicación presenta los dibujos ganadores (primero, segundo y tercer lugar) de las convocatorias realizadas entre 2017 y 2024 y articula seis ejes que incluyen escenarios urbanos del centro de la ciudad, como la calle 10.ª y las Torres del Parque; memorias de la ciudad que convergen en el Cementerio Central y el antiguo Cementerio de Pobres; los centros fundacionales reflejados en las plazas de Suba y Bosa; paisajes naturales, como la reserva Thomas van der Hammen y Vitelma; los parques patrimoniales, entre ellos el de la Independencia y el del Brasil; y, finalmente, las miradas hacia la periferia y el borde sur, donde se ubican el Hospital San Juan de Dios, la hacienda El Carmen de Usme y el Museo de la Ciudad Autoconstruida. Así, cada trazo y cada mirada invitan a reconocer la diversidad de paisajes y memorias que dan forma a la ciudad que habitamos.
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PDF, Spanska, 202651 kr
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Pocos saben que, para la década de 1940, en medio de un ambiente unidireccionalmente masculino, Hermi Friedmann, graduada de la primera generación de fotógrafas profesionales que estudiaron en la Graphische Lehr und Versuchsanstalt de Viena, creó Foto Hermi, en el centro histórico de Bogotá. Se trató de un estudio fotográfico propio, posiblemente el primero gerenciado y operado por una mujer. Hoy podemos considerar este hecho un hito para la historia de la imagen en nuestra ciudad, y también identificarlo como recurso para la comprensión de la impronta dejada por una de las tantas mujeres inmersas en el ámbito de la cultura, las artes y la intelectualidad de esa época. Este no es un detalle menor, pues gran parte de esos legados asociados a lo femenino, y de forma particular los del ámbito de la imagen fotográfica, se encuentran desdibujados de nuestro imaginario urbano y de las formas en que hemos construido los relatos sobre la capital.Sin embargo, no es tan solo el valor que conlleva ser pionera lo que movilizó esta publicación. Fue en realidad una conjunción de elementos que incluyen la inexistencia de un libro en nuestro país dedicado de forma exclusiva a su obra, aun cuando, en vida y de forma póstuma, hayan germinado propuestas de exposiciones, algunos artículos de prensa y revista, publicaciones internacionales y un par de destacados documentales de orden audiovisual que se han propuesto mantener a Hermi alejada del olvido. También porque, si bien sus fotos fueron publicadas en algunas revistas mientras ejercía su labor como fotógrafa, pocas veces aparecieron acompañadas con su nombre. Diversos hechos, que conllevaron que su nombre haya sido escasamente reconocido en la historia de las imágenes a nivel local, junto con la importante producción fotográfica que da cuenta de su particular relación con Bogotá (territorio conformado a lo largo de su trayectoria por migrantes, principalmente de otras latitudes y regiones de nuestro país), han propiciado esta producción editorial.Abrir las narrativas sobre los imaginarios urbanos de la ciudad, generar nuevas reflexiones sobre los roles y personajes que han participado en esa construcción, y sobre todo sacar su nombre del ocultamiento al que ha sido sometido bajo prejuicios que resultan obsoletos son parte del propósito de este título que hoy publicamos en el Sello Editorial del IDPC.
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PDF, Spanska, 201951 kr
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El país conmemoró en 2019 el Bicentenario de la Independencia, pues el 7 de agosto de 1819 se selló la derrota de las tropas realistas por parte de los ejércitos patriotas al mando de Bolívar y Santander en la célebre Batalla del Puente de Boyacá. Sin embargo, desde la Comisión Nacional del Bicentenario, y por supuesto desde la ciudad de Bogotá, en esta ocasión se celebró más la construcción de nación, lo que significa ser colombianos, y bogotanos, 200 años después de la Campaña Libertadora.En esta publicación que acompañó la exposición realizada sobre el tema en el Museo de Bogotá, se quiso resaltar el protagonismo de esta ciudad durante todo el proceso independentista hace dos siglos. Bogotá, Santafé para aquel tiempo, era la capital del virreinato de la Nueva Granada, y a partir de esa época, la capital de la naciente República de Colombia. En la Plaza Mayor tuvo lugar el Grito de Independencia, el viernes 20 de julio de 1810, acción que fue planeada la noche anterior en el Observatorio Astronómico. En la madrugada del domingo siguiente se firma el Acta de la Independencia en la antigua sede del Cabildo, que se ubicaba prácticamente donde actualmente se encuentra el despacho del alcalde mayor de la ciudad.Años después, entre 1816 y 1817, durante el tristemente recordado Régimen del Terror impuesto por Pablo Morillo y Juan Sámano, habrían de ser sacrificados en esta ciudad cerca de un centenar de los próceres de ese primer intento de libertad, fusilados y ahorcados en la Huerta de Jaime (hoy Plaza de Los Mártires), en la Plaza de San Francisco (hoy Parque Santander) y en la Plaza Mayor (hoy de Bolívar), entre quienes se hallaban personajes como Francisco José de Caldas, José María Carbonell, Camilo Torres y Policarpa Salavarrieta, por citar algunos, varios de ellos sepultados luego en la Iglesia de La Veracruz, declarada Panteón Nacional.El 7 de agosto de 1819 concluye la exitosa Campaña Libertadora en Boyacá, y tres días después, el 10 de agosto, entra Bolívar triunfante a Santafé para retomar el control de la capital que se hallaba sin gobierno ante la huida del malvado virrey Sámano, quien había escapado de la ciudad la noche anterior desde esta misma casa, sede actual del Museo. Bolívar desciende de su caballo al atardecer en la Plaza Mayor, en el costado oriental frente al edificio de la Real Aduana que servía de palacio virreinal, con la finalidad de sellar la victoria política, de comenzar a "inventarse" el país. Un mes y una semana después, el 18 de septiembre de 1819, se llevaría a cabo la gran celebración del triunfo que terminó con la dominación española, mediante un fastuoso desfile desde las afueras de la ciudad (la ermita de San Diego) hasta la misma Plaza Mayor, evento que culminó con la coronación del Libertador.Parte de esos hechos tan trascendentales en la historia de la capital y del país son los que hemos querido recordar en esta publicación, pero sobre todo nos interesa, como enfoque de la misma, relatar la memoria y la presencia de esos acontecimientos en la Bogotá de hoy, la evidente huella que han dejado en la ciudad aquellos sucesos y personajes a lo largo de estos últimos 200 años.
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PDF, Spanska, 201151 kr
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Las relaciones que se tejen entre el cine y el patrimonio cultural en esta ciudad son constitutivas de las prácticas de memoria; pero también de la cotidianidad, de la creación y de la historia: las imágenes en movimiento y sus narrativas, al ser puestas en contexto en un territorio específico como Bogotá, reactivan procesos de identificación, reconocimiento y apropiación.Siguiendo esta línea, la presente publicación se constituye en el resultado del importante trabajo realizado desde dos entidades adscritas a la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de la Alcaldía Mayor de Bogotá: el Instituto Distrital de las Artes (IDARTES) y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC). En 2011, a través de la convocatoria de estímulos titulada "Bogotá Fílmica: el cine y patrimonio cultural de Bogotá, estas dos entidades premiaron la realización de seis ensayos críticos que hoy hacen parte de esta publicación y que abarcan temáticas referidas a la relación de la historia y la memoria; el espacio, el urbanismo y la arquitectura; los imaginarios del cine en la ciudad; las salas, los cineclubes y la crítica. Los ensayos, según el caso, tomaron en consideración las producciones realizadas en Bogotá en formato cinematográfico (8, 9 y ½, 16 y 35 mm) de corto y largometraje que cubrieran el periodo 1915-2011.Además de estos ensayos, la publicación incluye otros textos que complementan las temáticas propuestas y cuenta con un anexo digital compuesto por una filmografía, hemerografía y bibliografía sobre cine y Bogotá a lo largo del siglo XX que contó con el apoyo de estudiantes de la universidades Javeriana, Jorge Tadeo Lozano y de los Andes en términos de recolección y organización de la información iconográfica y fílmica.
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PDF, Spanska, 201051 kr
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El café bogotano tuvo un apogeo entre 1912 y 1948, y posteriormente, un declive con el Bogotazo. Es cierto que aquel día varios fueron pasto de las llamas y desaparecieron para siempre. Pero también es verdad que muchos resurgieron de sus cenizas y acabaron dando paso a la que tal vez sea la etapa de mayor recordación en la tertulia bogotana. El Café Fortaleza es un buen ejemplo: aunque el local donde funcionaba se quemó el 9 de abril de 1948, a los pocos meses reabrió bajo una nueva enseña comercial, El Automático. Y El Automático –como tal vez no necesita decirse– es el café capitalino por excelencia, el café que compendia dentro sí una parte sustancial de lo que fue la vida intelectual en Colombia.Este libro, es fruto del trabajo emprendido por el programa Bogotá en un Café, del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. El programa, ha adelantado esfuerzos en reconocer por un lado, aquellos lugares que sobreviven con gran salud: el Café Pasaje y la cafetería La Romana; la Pastelería Belalcázar que buscó un nuevo refugio sobre la carrera octava; La Florida, que sufrió el saqueo del Bogotazo y que ha logrado consolidarse como uno de los lugares de encuentro más importantes de la ciudad y el San Moritz, ubicado en una vieja casona, que se mantiene como el único café que a principios del siglo XXI conserva la esencia del café bogotano de los años cuarenta.Por otro lado, a través del programa se ha identificado que a partir del año 2000 y después de dos décadas sombrías, más de cincuenta nuevos cafés han abierto sus puertas en el centro de la ciudad. Por supuesto, ya no son cafés literarios. Ahora vemos una amplia gama de cafés con otras características: cafeterías, cafés-librería, cafés-internet o ciber-cafés y pequeños establecimientos cuya apuesta principal se basa en la educación en cultura cafetera, y sobre todo por la utilización de métodos de extracción artesanal, en apariencia novedosos pero en realidad inventados hace décadas o siglos y que ofrecen una alternativa distinta a la máquina espresso.Este libro busca por tanto, y pese a la presencia avasallante de ese lugar común que es el Café en Bogotá, responder preguntas que no se han resuelto como cuándo y por qué razón surgieron; cuál es el nexo que los une con la industria cafetera de Colombia; quiénes fueron sus dueños, dónde estaban ubicados, cuántos eran y, sobre todo, qué pasaba y qué pasa en su interior.
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PDF, Spanska, 201751 kr
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El 1969 cuando el Museo de Desarrollo Urbano (hoy Museo de Bogotá) abrió sus puertas, el alcalde Virgilio Barco Vargas en su discurso de inauguración pronunció las siguientes palabras: "quiero hacer mención de un salón especial dedicado al Congreso Eucarístico Internacional. Sobra cualquier comentario sobre la importancia que para Colombia y Latinoamérica tuvo este acontecimiento. En sala especial lo recordamos quienes lo vivimos y lo revivirán quienes vendrán en el futuro. Fue ese un momento en el que Bogotá y sus habitantes demostraron su civismo y su cultura que no dudarlo constituyeron frente al mundo el antibogotazo definitivo".El Congreso Eucarístico enmarcó la visita del sumo pontífice Pablo VI a Bogotá, que como personaje histórico impactó profundamente la vida urbana de la ciudad. La apertura de una sala en el Museo de Desarrollo Urbano dedicada a rememorar la visita del papa en el marco del Congreso habla de su importancia en relación con las obras urbanas que se desarrollaron para preparar a Bogotá en miras a su recibimiento y al de una gran cantidad de peregrinos y turistas que para entonces arribaron a la ciudad.En este mismo sentido, la visita del Papa Francisco a la ciudad de Bogotá y a Colombia en septiembre de 2017 constituyó un acontecimiento de suma importancia y de gran trascendencia para su historia. Cuando Pablo VI visitó a Bogotá en 1968, la insurgencia guerrillera estaba naciendo y con ello se abrió una dolorosa etapa de violencia en el país que vino a culminarse en 2016. Como si se tratara del cierre de un ciclo histórico, el acuerdo de paz entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC coincidió con la visita del Papa Francisco.Por tercera vez un sumo pontífice visitaba la capital de Colombia y como en las dos ocasiones anteriores (en 1986 Juan Pablo II visitó Bogotá), la ciudad se preparó para una visita que conmocionó y alteró por unos días la vida cotidiana de la ciudadanía. El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural se unió a este acontecimiento histórico llevando a cabo una serie de intervenciones de enlucimiento de algunos monumentos y fachadas que forman parte del patrimonio de la ciudad, los cuales se encontraban en la ruta o formaban parte de la visita del santo padre, y a su vez, realizó en el Museo de Bogotá la exposición Pontífices en Bogotá: devoción, patrimonio religioso y urbanismo con el ánimo de hacer memoria y recordar cómo fueron las anteriores visitas de Pablo VI en 1968 y de Juan Pablo II en 1986.Por medio de esta muestra se propuso resaltar parte del patrimonio religioso de la ciudad ubicado en la Plaza de Bolívar, principal escenario de encuentro de los pontífices con los fieles católicos, y aprovechando que el Papa Francisco forma parte de la comunidad jesuita se planteó también hacer una breve muestra del legado de esta comunidad en la llamada manzana jesuítica. La exposición y esta publicación hacen evidentes el impacto urbano y social que tuvieron en tres generaciones diferentes las visitas de los últimos pontífices romanos, Pablo VI, Juan Pablo II y el Papa Francisco; lo cual se evidencia en una serie de fotografías acompañadas y soportadas con objetos conmemorativos.