Relaciones intelectuales entre Nicolai Hartmann y José Ortega y Gasset en los años 1906-1914
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Tillfälligt slut
El objetivo de este libro es presentar la idea de la política como realización en José Ortega y Gasset. Según el filósofo español, la "realización" supone un "imperativo supremo" que define el campo de la política y que lo diferencia de la ciencia. Mientras esta última, por su carácter reflexivo, puede contener ciertos elementos utópicos, como: el pensamiento more geométrico, racionalismo o idealismo, así la política no puede permitirse una pura contemplación o permanecer en el mundo de ideas puras ni su perfeccionamiento en la mente, sino tiene que realizarlas, darles cuerpo en el acto de actuar, o sea, referirse a las cosas mismas.
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Tillfälligt slut
El libro analiza los orígenes kantianos de la filosofía de Ortega desde su etapa inicial hasta las más tardías. Ortega descubre la filosofía de Kant cuando era un estudiante universitario, en Bilbao y Madrid, a través de los pocos trabajos sobre Kant y las traducciones de sus obras que entonces existían en España. Tras una primera lectura, y tras descubrir la filosofía germana, decide ampliar sus conocimientos en Alemania. Este viaje está influido también por las circunstancias de la España de la época: la degeneración intelectual y espiritual del país, la aversión por la ciencia y el desprecio por las ideas. En la filosofía alemana, especialmente en la de Kant, permanece la identidad de la filosofía y su carácter científico. Ortega estudió a Kant en Leipzig, Berlín y Marburgo, con grandes especialistas en su pensamiento como Wundt, Simmel, Riehl, Cohen y Natorp. Sin embargo, la ciudad más importante para él no fue ni Leipzig ni Berlín, sino la gótica Marburgo, situada en las orillas del río Lahn, a la que denomina en sus memorias «fuerte neokantiano» y «ciudadela neokantiana», recordando la filosofía que imperaba en su universidad. El hermetismo de la escuela kantiana marburguesa tenía para Ortega una doble vertiente: era, al mismo tiempo, tanto «su hogar y el aire con el que respiraba» como una «cárcel», era, en definitiva, «una adquisición eterna que había que conservar para poder ser otra cosa más allá».
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El objetivo de este libro es presentar la idea de la política como realización en José Ortega y Gasset. Según el filósofo español, la "realización" supone un "imperativo supremo" que define el campo de la política y que lo diferencia de la ciencia. Mientras esta última, por su carácter reflexivo, puede contener ciertos elementos utópicos, como: el pensamiento more geométrico, racionalismo o idealismo, así la política no puede permitirse una pura contemplación o permanecer en el mundo de ideas puras ni su perfeccionamiento en la mente, sino tiene que realizarlas, darles cuerpo en el acto de actuar, o sea, referirse a las cosas mismas.
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El libro analiza los orígenes kantianos de la filosofía de Ortega desde su etapa inicial hasta las más tardías. Ortega descubre la filosofía de Kant cuando era un estudiante universitario, en Bilbao y Madrid, a través de los pocos trabajos sobre Kant y las traducciones de sus obras que entonces existían en España. Tras una primera lectura, y tras descubrir la filosofía germana, decide ampliar sus conocimientos en Alemania. Este viaje está influido también por las circunstancias de la España de la época: la degeneración intelectual y espiritual del país, la aversión por la ciencia y el desprecio por las ideas. En la filosofía alemana, especialmente en la de Kant, permanece la identidad de la filosofía y su carácter científico. Ortega estudió a Kant en Leipzig, Berlín y Marburgo, con grandes especialistas en su pensamiento como Wundt, Simmel, Riehl, Cohen y Natorp. Sin embargo, la ciudad más importante para él no fue ni Leipzig ni Berlín, sino la gótica Marburgo, situada en las orillas del río Lahn, a la que denomina en sus memorias «fuerte neokantiano» y «ciudadela neokantiana», recordando la filosofía que imperaba en su universidad. El hermetismo de la escuela kantiana marburguesa tenía para Ortega una doble vertiente: era, al mismo tiempo, tanto «su hogar y el aire con el que respiraba» como una «cárcel», era, en definitiva, «una adquisición eterna que había que conservar para poder ser otra cosa más allá».