¿Qué fines debe perseguir una educación para la ciudadanía en las democracias actuales? ¿Qué y de qué manera pueden aportar las emergentes propuestas de educación del carácter, las tradiciones culturales de cada sociedad o las distintas religiones a la formación humana en un contexto plural como el que se presume en democracia? ¿Qué podemos aprender mediante una mirada retrospectiva sobre una legislación educativa, como la ley del 70, a camino entre la dictadura y la democracia? ¿Acaso puede ser la tecnología algo más que una amenaza para la convivencia democrática y el ejercicio de la ciudadanía, y percibirse como una verdadera oportunidad pedagógica? ¿Qué estamos haciendo en las aulas para promover la reflexión y las prácticas democráticas? En un momento crucial como el actual, en el que se cuestiona la calidad misma de las democracias contemporáneas, con nuevas claves de interpretación y categorías de análisis como la postdemocracia, la democracia iliberal o la recesión democrática, resulta necesario plantearse la perenne encrucijada entre democracia y educación, y afrontar sus cuestiones más esenciales sin temor a la controversia como corresponde al pensamiento pedagógico y, más concretamente, a la teoría de la educación.El libro ofrece al lector un conjunto de capítulos que abordan tales discusiones de manera directa, ocupándose no solo de aspectos circunstanciales y condicionantes, sino también de aquellos eminentemente esenciales, para un debate abierto e irrenunciable tanto de una educación como de una democracia que aspiren a estar a la altura de nuestro tiempo.
La prudencia capacita a la persona para deliberar bien y llegar a juicios prácticos acertados que posibiliten actuar de manera adecuada a cada circunstancia. Esta virtud intelectual permite reconocer las demandas distintas -a veces incluso éticamente contrapuestas- de cada situación, y jerarquizarlas, priorizando una acción que responda a esas circunstancias particulares. El prudente es capaz de tomar buenas decisiones y, por tanto, de vivir bien, contribuyendo así a su felicidad. A causa de esta capacidad posibilitadora de la vida buena, se ha llamado a la prudencia ''sabiduría práctica''.Educar en esta virtud resulta fundamental en un mundo con un grado de incertidumbre y aceleración crecientes, que exige tomar decisiones rápidas ante problemas complejos. Además, los contextos digitales tienden a estar diseñados para apelar al sentimiento, en lugar de promover la toma de perspectiva y la deliberación racional, ambas actitudes esenciales.A este propósito educativo se dirige este libro. Junto con ahondar teóricamente en la naturaleza de esta virtud a través del análisis de varios modelos clásicos y contemporáneos de ella, ofrece claves sobre cómo educarla, tanto en el ámbito educativo como en el familiar, y sobre cómo puede aplicarse esta virtud en el entorno digital para tomar buenas decisiones online, lo cual es especialmente relevante en la adolescencia.
¿Qué fines debe perseguir una educación para la ciudadanía en las democracias actuales? ¿Qué y de qué manera pueden aportar las emergentes propuestas de educación del carácter, las tradiciones culturales de cada sociedad o las distintas religiones a la formación humana en un contexto plural como el que se presume en democracia? ¿Qué podemos aprender mediante una mirada retrospectiva sobre una legislación educativa, como la ley del 70, a camino entre la dictadura y la democracia? ¿Acaso puede ser la tecnología algo más que una amenaza para la convivencia democrática y el ejercicio de la ciudadanía, y percibirse como una verdadera oportunidad pedagógica? ¿Qué estamos haciendo en las aulas para promover la reflexión y las prácticas democráticas? En un momento crucial como el actual, en el que se cuestiona la calidad misma de las democracias contemporáneas, con nuevas claves de interpretación y categorías de análisis como la postdemocracia, la democracia iliberal o la recesión democrática, resulta necesario plantearse la perenne encrucijada entre democracia y educación, y afrontar sus cuestiones más esenciales sin temor a la controversia como corresponde al pensamiento pedagógico y, más concretamente, a la teoría de la educación.El libro ofrece al lector un conjunto de capítulos que abordan tales discusiones de manera directa, ocupándose no solo de aspectos circunstanciales y condicionantes, sino también de aquellos eminentemente esenciales, para un debate abierto e irrenunciable tanto de una educación como de una democracia que aspiren a estar a la altura de nuestro tiempo.
La prudencia capacita a la persona para deliberar bien y llegar a juicios prácticos acertados que posibiliten actuar de manera adecuada a cada circunstancia. Esta virtud intelectual permite reconocer las demandas distintas -a veces incluso éticamente contrapuestas- de cada situación, y jerarquizarlas, priorizando una acción que responda a esas circunstancias particulares. El prudente es capaz de tomar buenas decisiones y, por tanto, de vivir bien, contribuyendo así a su felicidad. A causa de esta capacidad posibilitadora de la vida buena, se ha llamado a la prudencia ''sabiduría práctica''.Educar en esta virtud resulta fundamental en un mundo con un grado de incertidumbre y aceleración crecientes, que exige tomar decisiones rápidas ante problemas complejos. Además, los contextos digitales tienden a estar diseñados para apelar al sentimiento, en lugar de promover la toma de perspectiva y la deliberación racional, ambas actitudes esenciales.A este propósito educativo se dirige este libro. Junto con ahondar teóricamente en la naturaleza de esta virtud a través del análisis de varios modelos clásicos y contemporáneos de ella, ofrece claves sobre cómo educarla, tanto en el ámbito educativo como en el familiar, y sobre cómo puede aplicarse esta virtud en el entorno digital para tomar buenas decisiones online, lo cual es especialmente relevante en la adolescencia.