Entre 1990 y 2010 existió un modelo televisivo bien definido en España. Sus características esenciales fueron, a grandes rasgos: tecnologías analógicas en la difusión; programaciones generalistas; emisión continuada; concurrencia oligopólica; protagonismo de la publicidad y de las audiencias y, en el orden estatal progresivo ajuste de la gestión a la optimización de los márgenes de beneficio. Además, el público percibió que asistía a una nueva etapa de la televisión en España. Incluso hoy, lo recuerdan aún así, aunque luego viniera lo que vino. En fin: no solo se abrió una nueva etapa de la historia de la televisión en España, es que se percibió así. Aquí se intenta contar esa historia de nuestra televisión entre 1990 y 2010 que podría llamarse "la edad dorada de la televisión analógica y generalista": "dorada" por los enormes beneficios económicos que produjo en las cadenas comerciales dominantes; "generalista" por la programación que se ofreció y "analógica" por la estructura tecnológica que la difundió.
Los que han nacido en un mundo analógico tienen cada vez más dificultad para subirse al único tren que circula. Sus cualidades, adquiridas con un esfuerzo de años, parecen perder valor, mientras los nuevos tiempos se tiñen para ellos de una insustancialidad casi insoportable: son tiempos de reality shows, videojuegos y redes sociales, que parecen dictar un nuevo sentido común. Quien no participa, queda excluido.El autor analiza con realismo y sentido del humor los ingredientes de la revolución digital, y ofrece soluciones para vivir y sobrevivir en un mundo superpuesto al mundo en el que muchos nacimos.
Las mil primeras trata de comienzos y de pioneras. Es la historia documentada de un millar de mujeres que, en una España que literalmente no sabía qué hacer con ellas, se supieron llamadas a empezar algo grande, que además era de Dios. Estas páginas explican su revolución apasionante y serena en el contexto de una España que, entre limitaciones, se preparaba para su modernización.Esas mujeres entendieron que su vida debía dar un vuelco por dentro para impulsar su salto hacia afuera. Su historia "completó" la fundación del Opus Dei, pues con ellas se disiparon las dudas sobre la amplitud del mensaje: con la aprobación de la Santa Sede y la incorporación de las supernumerarias quedó clara, en la teoría y en la práctica, la llamada universal a la santidad.