Benito y Valentín se complementan muy bien. Un día Valentín abre un libro y empieza a leer; Benito lo escucha mirándolo atentamente, sin pestañear apenas, como si en la cara de Valentín pudieran verse los seres más fascinantes y las aventuras más increíbles.
En una casa como la mía, nadie te obliga a apagar la luz a la hora de dormir, ni a cerrar los balcones cada vez que hay tormenta; y los hermanos mayores no se ponen furiosos porque se te haya ocurrido tomar prestado el helado que tenían guardado. En esta clase de casas nunca se reciben las calificaciones del colegio, aunque a veces suceden cosas muy especiales.
Mamá dijo: —Quédate ahí que no me tardo. —¿Me lo prometes, mamá? —¡Claro que sí! Sólo voy a comprar un kilo de arroz para la cena. —Ella mintió. No regresó. Me quedé sola.
Desde muy pequeño Ho Liang quedó fascinado por las mariposas. Al convertirse en emperador, quiso tener al menos una de cada rincón de su territorio. Para recrearse en la diversidad de su magnífico imperio, ordenó construir una jaula de cristal para resguardarlas. Sin embargo, cuando las orugas fueron llegando a su cristalino encierro, perdían el color ante la mirada absorta del emperador, que no tenía ojos para nada más que para ellas. Pero un accidente provoca que las mariposas escapen al jardín y que en libertad recobren su color. Pronto, el encolerizado monarca comprende algo más importante que la razón por la cual pierden el color las mariposas en cautiverio…
Benito y Valentín se complementan muy bien. Un día Valentín abre un libro y empieza a leer; Benito lo escucha mirándolo atentamente, sin pestañear apenas, como si en la cara de Valentín pudieran verse los seres más fascinantes y las aventuras más increíbles.
En una casa como la mía, nadie te obliga a apagar la luz a la hora de dormir, ni a cerrar los balcones cada vez que hay tormenta; y los hermanos mayores no se ponen furiosos porque se te haya ocurrido tomar prestado el helado que tenían guardado. En esta clase de casas nunca se reciben las calificaciones del colegio, aunque a veces suceden cosas muy especiales.
Mamá dijo: —Quédate ahí que no me tardo. —¿Me lo prometes, mamá? —¡Claro que sí! Sólo voy a comprar un kilo de arroz para la cena. —Ella mintió. No regresó. Me quedé sola.
Desde muy pequeño Ho Liang quedó fascinado por las mariposas. Al convertirse en emperador, quiso tener al menos una de cada rincón de su territorio. Para recrearse en la diversidad de su magnífico imperio, ordenó construir una jaula de cristal para resguardarlas. Sin embargo, cuando las orugas fueron llegando a su cristalino encierro, perdían el color ante la mirada absorta del emperador, que no tenía ojos para nada más que para ellas. Pero un accidente provoca que las mariposas escapen al jardín y que en libertad recobren su color. Pronto, el encolerizado monarca comprende algo más importante que la razón por la cual pierden el color las mariposas en cautiverio…